lunes, 10 de julio de 2017

Aprender jugando


Piaget ya lo decía: “El juego organiza la forma de pensar del niño”.
Como ya os comentaba, estas semanas he visto mucho debate sobre los deberes en verano y me han sorprendido mucho tantas listas y titulares promoviendo el juego en verano. ¡Y por supuesto que hay que jugar en verano!
Pero en verano y durante todo el curso, no concibo otra forma mejor de aprender que no sea a través del juego. Ahí es donde debería estar el debate: el juego de septiembre a junio en casa y en clase.

¿Por qué es importante el juego?
El juego promueve el aprendizaje en acción, los procesos cognitivos superiores, el desarrollo de habilidades y capacidades, el trabajo en equipo...
En definitiva, el juego es la manera que tienen los niños de adquirir las habilidades que después necesitarán en la vida adulta.  Otro día hablaremos de que es lo que necesitan nuestros hijos y alumnos para la vida adulta.
WOW!! ¿… y como consigue todo eso el juego?
El juego activa el llamado sistema de recompensa cerebral asociado a la dopamina.
La dopamina aumenta y ayuda al aprendizaje porque ante la satisfacción de una respuesta correcta, se refuerza la memorización de ese aprendizaje.
Pero en la escuela se juega ¿o no?
El juego depende de tantos factores que no podemos permitirlo, depende de la ley, de las pruebas externas, de la selectividad, depende de que escuela hablemos (cada vez son más), depende de en que nivel estés ¿infantil? ¿primaria? ¿secundaria?, depende de que profesor, depende de…. La actividad lúdica tiene que formar parte del currículo y de la planificación escolar, esto generaría un sinnúmero de posibilidades y abriría nuevos caminos en el aprendizaje.
¿Y en casa?
Desde casa se debe fomentar el juego, pero sobre todo tenemos que dedicar tiempo a jugar con nuestros hijos (tengan la edad que tengan). De esta manera favorecemos que los niños crezcan más felices, imaginativos, promoviendo habilidades socio-emocionales, haciéndoles más tolerantes y conectando con sus intereses.
Aquí, por supuesto, tenemos el problema de los horarios y del estrés pero en unos días veremos unos tips interesantes para encontrar y valorar tiempos de calidad en familia. Y veremos como el juego nos puede ayudar para conectar en situaciones de conflicto.
¿Entonces en verano que hacemos?
Yo seguiría haciendo los mismos juegos que hago durante todos los meses anteriores en el curso: escribimos cartas, leemos, realizamos algún experimento, nos planteamos preguntas e intentamos resolverlas, nos convertimos en médicos, panaderos o cantantes de rock, …. Y encima viajamos, conocemos lugares, nuevos amigos, desarrollamos nuestras habilidades sociales y emocionales.
Pero sobre todo en esta época del año que trae consigo horarios menos estrictos, menos estrés y menos prisas trabajo la sana desatención y las responsabilidades. En el mundo en el que vivimos actualmente tendemos a una sobreprotección excesiva y a darles todo hecho a nuestros hijos. Creemos que así es más rápido y más seguro.
Ahora es el momento de darles más tareas, favoreciendo así su autoestima, el desarrollo del autocontrol y aprendiendo a ser más responsables.

“No dejamos de jugar porque envejecemos. Envejecemos porque dejamos de jugar.”

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